La historia

Haz que la historia de tu libro destaque

En la vida real, no existen historias. ¡No!

En la vida real existen hechos y acontecimientos que pasan uno después del otro.

Piensa en tu jornada de ayer. ¿Cuántos acontecimientos han pasado? Muchos. Ahora contesta a esta pregunta: ¿Qué es lo que diferencia un hecho de una historia corta?, ya, exactamente eso: la narración.

Un hecho se transforma en historia cuando alguien está dispuesto a narrarlo, cuando alguien entrelaza los elementos de hechos de fantasía o reales.

¿QUÉ CONTAR?

La primera tarea de un narrador no es contar una historia, sino elegir cuáles elementos narrativos incluir, las conjunciones entre las escenas principales y los detalles que definen a los personajes y los ambientes.

El narrador es como un director de cine que, antes de mirar las luces, la profundidad de la toma, las expresiones de los actores, tiene que decidir dónde poner la cámara y la perspectiva que quiere usar para transmitir el justo mensaje. Para que una historia sea efectiva, agradable y atrapante, hay que cuadrar muchos equilibrios.

Como ya hemos dicho en otros artículos, es fundamental elegir bien los elementos que incluir en un cuento: demasiados detalles aburren, muy pocos hacen que el lector no conecte con la lectura. Hay que buscar el justo balance que atrape a tu lector ideal en el ritmo narrativo con sus picos y sus momentos más calmos, empezando desde el primer contacto: la sinopsis.

¿CÓMO NACE UNA HISTORIA?

Muchos creadores de contenido dicen que la idea para una historia llega de repente, sin buscarla, sin querer que llegara. En efecto, en muchas ocasiones pasa eso.

Hay narradores que tienen una imaginación tan fuerte que pueden vivir una historia mientras que hacen cualquier otra cosa, también perdiendo el tiempo tumbados en el sofá y mirando al techo.

Otros, en cambio, necesitan concentración y calma. Estar en “focus” sobre una pequeña idea añadiéndole un trocito a la vez hasta que todo tiene un sentido, todo encaja y resulta placentero. Pasa muchas veces que los desarrollos que se añaden al concepto inicial, obligan a cambiar el inicio o un personaje que se pensaba fundamental, pero este es el juego al que todos los narradores tienen que jugar.

Hablando con muchos escritores, lo que hemos notado es que, a pesar de que sean de un tipo o de otro, la idea, el “flash” inicial siempre llega de la nada. Muchas veces llega conectando situaciones improbables: quien empieza de un recuerdo, otros de un sueño, otros de un artículo de periódico, otros del vestido singular de un hombre comprando papayas en el supermercado. Cada narrador tiene una sensibilidad distinta según su background literario y personal.

El background, lo que cada persona ha vivido, las experiencias personales, siempre entra en nuestras historias. Que sean de fantasía o inspiradas en hechos reales, siempre les pondremos nuestro toque personal, algo nuestro. Es inevitable.

A pesar de eso, no es fundamental contar siempre algo que nos pasa en primera persona, sino algo que conocemos bastante bien para poder construirle una historia alrededor. Puede ser el tic nervioso de tu colega, la risa de tu madre, una fotografía antigua de la boda de tus abuelos: el truco está en conocer e imaginar a la vez.

Imagínate unos hechos y conéctalos con tu fantasía y capacidad de hacerte mapas mentales juntando elementos distintos. Recuerda que cuando el escritor no tiene conciencia de lo que está contando, el lector se da cuenta; siempre.

¿CUÁL ES EL TEMA CENTRAL?

Aristóteles dijo: antes decide el tema del que quieres hablar, luego crea el drama, es decir traduce el tema en acciones y conflictos. De esta manera lo que obtendrás será una historia con picos narrativos y movimientos internos a los acontecimientos. 

Puede pasar que el tema central de tu historia se aclare solo después de que hayas empezado a escribir; como hemos dicho, algunos narradores empiezan a narrar también sin saber dónde terminarán. Lo fundamental es que, antes o después, sepas perfectamente lo que quieres transmitir con tu historia.

Aclárate a ti mismo el mensaje de tu cuento y también el lector lo tendrá claro

Si te paras un segundo en pensar en quién leerá tu historia, descubrirás cuál será el mejor desarrollo, el registro y tema central de tu narración.

En el caso en que, durante la escritura, tu historia “pierda el norte”, ponerte en los zapatos de un lector delante a tu libro te ayudará a entender lo que se pueda opinar de tu historia desde fuera y si fuese mejor aportar algunos cambios o no.

Analiza siempre el tema central y plásmalo de manera que sea “fuerte”, impactante para ti y para tu historia; haz que te involucre, que te apasione lo bastante para dedicarle un libro.

Otra pregunta importante que tienes que hacerte a ti mismo es: ¿vale la pena contar esta historia?

Esta pregunta tiene dos respuestas posibles:

  • Para entender la primera de las posibilidades, sacamos a Julio Cortázar que decía que un tema vale la pena ser contado cuando el autor cree que es significativo para sí mismo y para los lectores. Esto significa que, siguiendo las indicaciones del escritor argentino, tu narración tendrá adornos y elementos significativos que irán más allá del cuento del “día a día” y de la simpleza.
  • A la vez, pero, hay quien piensa el exacto opuesto. Muchos escritores opinan que es más importante la manera en que se cuenta la historia que el tema vehicular. La mayoría de las veces, los escritores que tienen esta opinión escriben historias cotidianas, cuentan temas sencillos, a veces ligeros.

Que escribas de una manera o de otra, recuerda siempre dejar trazas y indicios para que el lector tenga ganas de seguir con la lectura; juega entrelazando preguntas y respuestas. Piensa en una cadena donde cada anillo representa una pregunta y una respuesta.

En la cadena, antes de que llegue el fin de un anillo, empieza otro y así tiene que seguir el ritmo narrativo: nunca dejes al lector sin esa sensación de abertura, duda, curiosidad e inseguridad que lo empuja a dar la vuelta a la página

CUESTIÓN DE QUÍMICA

Dicen que todas las narraciones gravitan alrededor de dos grandes temas y de los cuales no hay posibilidad de escaparse: el amor y la muerte. Cada historia habría que ver con estos dos elementos, más o menos directamente: desde Sherazade que “juega” con su verdugo para posponer su momento, hasta Renzo Tramaglino que, por amor a Lucia, desafía las injusticias y los peligros de la sociedad: cada historia quiere contar a los lectores dos grandes experiencias de la vida humana capaces de englobar todas las demás.

De todas formas, la espina de una novela tiene que ser la historia.

Muchas veces, una de las principales dificultades que se encuentra en las primeras pruebas de escritura, es la excesiva introspección de personajes (que no son nada más que el reflejo del autor) estáticos a costa de la acción. Si decidimos escribir un libro, no podemos permitirnos escribir de manera “lenta”.

No hay que confundir nuestro propio libro con nuestro diario; no podemos tener la presunción que nuestros pensamientos y nuestras opiniones subjetivas sobre la vida importen a todos; mejor dejar hablar a nuestros pensamientos a través de la historia, pero todavía no es suficiente.
Cuando empezamos a escribir una novela no necesitamos solo de una historia, sino, también de un excelente entramado.

Definimos historia y entramado entonces: la historia es la narración de acontecimientos referidos en orden cronológico. También el entramado es una historia, pero aquí entra en juego la casualidad: “El hijo murió, luego murió el padre” es una historia “el hijo murió y luego, por el inaguantable dolor, murió también el padre” es un entramado.

La historia contesta a la pregunta “¿y luego qué?, el entramado contesta a la pregunta “¿por qué?

El entramado es la novela en su aspecto lógico y conceptual: quiere misterio y los misterios más adelante se aclararán.

Puede pasar que el lector se encuentre en mundos oscuros pero el escritor no se preocupa por eso. Él sabe que está por encima de su trabajo. Pon una farola encendida, unos metros más adelante una apagada, en la esquina sale un poco de luz de una ventana y justo detrás, hay un tipo encapuchado. Un buen escritor juega continuamente con su capacidad de creación de los personajes, con los ritmos, con el contenido, con las sensaciones del lector. Él dibuja el libro por adelantado, ya sabe lo que va a pasar antes de escribirlo y es exactamente esta posición de ventaja la que le permite construir lo que para el lector será un entramado genial.

En resumen:

  • al tema central le sirve una historia, más que nuestras consideraciones, sobre la vida y la muerte
  • a la historia le sirve una estructura de ordenada casualidad para ser equilibrada y atrapar.

Ahora es el momento de vestirse de químico y empezar a poner las justas cantidades de cada elemento para construir una novela estupenda: ambiente, personajes, situaciones, detalles, vueltas inesperadas.

Y ahora, ya que no nos gustan las cosas fáciles, tenemos que hacernos otra pregunta: la estructura que estamos construyendo, ¿está predispuesta para una novela?, ¿puede ser entendida por el lector?

En la novela hay dos macro-elementos: los personajes y el montón de cosas que no son personajes. El escritor es quién tiene que buscar el equilibrio entre estos dos aspectos conciliando sus exigencias opuestas.

Hay un protagonista, hay un antagonista, hay el amor o la muerte que dan vueltas en el entramado para encontrarse o huir uno de la otra. Tiene que ser el narrador quien mueva las aguas de manera que los personajes estén obligados a moverse hacia la tempestad que llega o hacia el puerto seguro, sabiendo que cada elección que tomen, tendrá consecuencias para el lector. Es decir: le atrapará o no.

Si lo que te asusta a la hora de escribir es una hoja blanca, lo que puedes hacer es un esquema de la historia que quieres narrar: una secuencia de puntos para desarrollarlos en un segundo momento que te permitirán empezar a darle cuerpo a tu novela.

Si tienes el problema contrario, si escribes demasiado a costa del orden lógico de la historia, entonces podrías pararte un segundo y… hacer un esquema de la historia que quieres narrar.

Tener un esquema claro y físico de lo que quieres contar es algo extremadamente útil, ya que, si tu idea tiene el tamaño de una novela, antes o después, necesitarás hacer claridad, orden y limpieza: mejor empezar desde el principio.

Nada te impide modificar y cambiar la historia mientras que la escribes pero al menos, lo harás a consciencia y no por dejarte llevar por el frenesí.

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