El narrador: el que mueve los hilos de nuestro libro

¿Quién es un narrador? ¿Qué tipo de historias cuenta? ¿Hay historias más narrativas que otras?

Piensa en cuando te despiertas al lado de alguien, piensa en el bar mientras te tomas un café, o en la oficina cuando tu colega te pregunta cómo has pasado el fin de semana. Estas situaciones son muy útiles para hacernos pensar en que no existe un solo género de narrador, sino que todos lo somos y que nuestra sociedad está repleta de narradores que cuentan acontecimientos y hechos. Narradores que cuentan historias.

Para aquellos que llegaron a nuestro blog buscando un secreto que resuelva este obstáculo les tengo una buena noticia y una mala. ¿La mala? No existe esa piedra filosofal que pueda convertir cualquier idea de nuestra mente en una idónea para un libro. ¿La buena? Tampoco hace falta.

CONTAR UN ACONTECIMIENTO

Lunes por la mañana: José y Daniel se encuentran en el pasillo del colegio en la pausa. José ha tenido fiebre durante todo el fin de semana y no ha podido ir al estadio a ver el partido. Le pide a Daniel que le haga una crónica detallada de todo el día: ¿quién ha jugado?, ¿cómo ha jugado?, ¿qué ha pasado en las gradas cuando el delantero marcó? Daniel estaba cómodamente sentado en el estadio y ahora tiene que compartir lo que ha vivido: ¿cuántos espectadores había?, ¿cómo se ha portado el árbitro?, ¿cuántas personas han abierto el paraguas cuando empezó a llover? José quiere saber más, quiere construir un recuerdo, aunque no lo haya vivido, quiere imaginarse la situación y vivirla aunque ya hayan pasado días: ¿Qué se han dicho Daniel y su padre en la grada?, ¿cómo eran las banderas de los hinchas adversarios?, ¿cómo han reaccionado a la derrota? Lo que sale es una narración total, con descripciones de lugares, personas y diálogos.

Pues, conscientemente o no, Daniel usa técnicas narrativas consolidadas, técnicas estructuradas para capturar la atención del interlocutor (o lector, o espectador) e involucrarlo en la narración haciendo que se sienta como si participara de verdad, como si hubiera estado también al estadio.

CONTAR UN CHISTE

Piensa en quién, entre tus conocidos, tiene la costumbre de contar anécdotas o chistes. Las anécdotas pueden ser consideradas unos micro-géneros narrativos y es posible analizar su construcción considerando los elementos narrativos que lo componen. La síntesis, por ejemplo, la tensión narrativa y el ritmo.

Piensa en lo importante que es elegir los detalles que caracterizan un personaje o una situación: para contar una experiencia no es necesario narrar cada momento de lo que hemos vivido o cada frase que hemos dicho. Es necesario elegir los detalles más significativos, los elementos que harán evocar una imagen.

¿Y la tensión? ¿Cuánto es importante la tensión para nuestra historia? El lector (o espectador) necesita picos narrativos, de que el ritmo suba y baje para que su atención se mantenga viva.

EL ROL DEL NARRADOR

Desde las anécdotas a las canciones. Piensa en Hurricane de Bob Dylan. El cantautor consigue reconstruir unos acontecimientos que involucran al protagonista, un boxeador de color que acaba en la cárcel a pesar de que fuera inocente.

Dylan cuenta la historia de Hurricane usando un punto de vista ajeno, neutral: el punto de vista del narrador fiable que nunca traicionará la confianza del público. Piensa en el íncipit de Hurricane (sí, íncipit ya que la canción es una auténtica narración)

Se oyen tiros que provienen del bar,
entra Patty Valentine del piso de arriba,
ve al camarero tumbado en un charco de sangre,
grita "oh Dios mío, los han matado a todos".

Aquí viene la historia de Hurricane Carter.

Bob Dylan - Hurricane

Dylan consigue ganarse la confianza de sus oyentes gracias al tono seguro y confiable del narrador, un tono parecido al de un periodista de crónica. No hay cercanía entre el narrador y la historia que cuenta, no hay empatía entre Dylan y Hurricane, solo hay una historia que contar y un hecho para divulgar a las más personas posibles.

Esta es una elección, su elección: crear distancia entre sí mismo y el protagonista.

Dylan captura la confianza del oyente para la historia que contará: la narración, en este caso, es un desarrollo de elecciones estilísticas y formales.

EL PUNTO DE VISTA DE LOS PERSONAJES

Volvemos a Hurricane:

Tres cuerpos tumbados, eso es lo que Patty ve,
y otro hombre misterioso llamado Bello,
moviéndose por allí de forma misteriosa.
"Yo no lo hice" dice él, y mantiene sus brazos arriba.
"solo estaba robando la caja, espero que lo entiendas"

Bob Dylan - Hurricane

El narrador, hasta este momento ha contado en tercera persona lo que ha vivido Patty, una chica que ha presenciado al crimen. La tensión sube con el ritmo de la música. En este momento, Dylan introduce el verdadero protagonista de la historia.

Mientras tanto, lejos en otra parte de la ciudad,
Rubin Carter y algunos amigos dan una vuelta con el coche.
El aspirante número uno a la corona del peso medio,
no tenía ni idea de la m* por la que estaba a punto de pasar,
cuando un policía le hizo echarse a un lado de la carretera,
como en un tiempo anterior, y antes de eso,
en Paterson, así es cómo funcionan las cosas,
si eres negro quizás no quieras asomarte por la calle
salvo que quieras atraer el calor

Bob Dylan - Hurricane

Ahora estamos en el corazón de la narración. Después del íncipit, de hecho, Dylan nos lleva por las calles de una ciudad americana de la época, nos enseña mejor la historia cambiando el punto de vista: el protagonista no es Patty, sino Rubin Carter, llamado Hurricane, un famoso boxeador de ese tiempo que será acusado de homicidio.

Oyendo el pasaje conclusivo de la canción de Dylan, nos damos cuenta de que su manera de narrar es más parecida al de un escritor o director de cine que al de un cantante. Hay un protagonista, Hurricane, hay un antagonista, la sociedad civil americana, y hay un problema, el racismo de las autoridades.

Dylan usa las palabras justas y el ritmo correcto para narrar unos hechos que podía ser contados en miles de variantes distintas, pero ninguna habría tenido el mismo efecto del conjunto de palabras elegidas por el cantante. Piensa en cuánto son de importantes las palabras. Piensa que cada palabra lleva una elección: ¿por qué esta palabra y no otra?, ¿por qué usar un registro coloquial o uno más literario?

Es fundamental usar el registro que más se acerca a la atmosfera y a los personajes que quieres contar y hay que poner mucha atención en los detalles. Un texto sin detalles pierde la profundidad necesaria para capturar al lector. Un texto con demasiados particulares aburre.

Uno de los aspectos más importantes cuando contamos una historia es evitar la generalidad e involucrar en la narración a los que están prestándonos su tiempo, a lo mejor evocando unas imágenes que capturen su interés y describiendo bien los detalles de la escena completa, sin pasarse. Ser demasiado genéricos, no usar un buen ritmo narrativo, aplana la narración y el contenido.

EL DON DE LA SIMPLEZA

Anton Cechov, un gran maestro de la narración, afirmaba que, además del detalle, la ambientación y el uso del “no dicho”, la simpleza es una de las técnicas que sostiene la narración.

Un nuevo personaje había aparecido en la localidad: una señora con un perrito. Dmitri Dmitrich Gurov, que por entonces pasaba una temporada en Yalta, empezó a tomar algún interés en los acontecimientos que ocurrían. Sentado en el pabellón de Verney, vio pasearse junto al mar a una señora joven, de pelo rubio y mediana estatura, que llevaba una boina; un perrito blanco de Pomerania corría delante de ella.

La dama del perrito. Anton Checov

Cechov no usa adornos estilísticos o una voz muy impostada, elije el menor número de palabras posible, elije las palabras correctas para narrar personajes y hechos que, detrás de una aparente simpleza, desvelan universos narrativos reconocibles.

La fuerza de una narración efectiva es también su longevidad y en la identificabilidad de los temas tratados. Los contenidos de un buen cuento o de una buena novela, tienen que ser reconocidos también entre veinte o cien años.

Construye narraciones sin tiempo para que las narraciones vivan en el tiempo.

EL NARRADOR

El narrador es una invención narrativa, es quien nos cuenta la historia.

El narrador no es el autor. El narrador está hecho de papel y tinta (o un teclado y una pantalla para los más modernos), es fruto de nuestra imaginación, puede que coincida con un personaje (piensa en una novela autobiográfica), pero, si la narración está en tercera persona, el narrador es quien “tiene en mano la cámara”. Su objetivo sigue la escena que se transforma, poco a poco, en el flujo de palabras de un libro.

 

Anna Kerenina no era Tolstoji. El joven noble inglés Orlando, no era Virginia Woolf. El señor Gregor Samsa, que una mañana se encuentra transformado en una cucaracha, no era Fran Kafka.

EL ESTILO NARRATIVO

El Estilo narrativo es la manera de escribir. Cada persona escribe de la manera que le viene más natural. Esta manera de escribir se llama estilo. Un niño de diez años escribe de manera muy distinta respecto a un joven de diecisiete o a un adulto de cuarenta.

El estilo se construye a través del background cultural, a las preferencias estéticas, a los procesos lingüísticos y a las evoluciones verbales de cada persona. Podemos decir que el estilo narrativo está estrictamente conectado a la individualidad de una persona, a su carácter y a su gusto.

Hemingway escribe con pocos tratos, rápidos y sincopados. Proust escribe con palabras cultas, usa períodos largos y usa muchas metáforas. Son dos estilos que caracterizan dos épocas y entornos culturales distintos y, claramente, ninguno de los dos es mejor del otro, pueden gustar más o menos, pero no tienen nada de equivocado.

El estilo narrativo tiene que ser apropiado para el lector que leerá tu novela, tienes que saber a priori quién es el lector ideal de tu libro y escribirlo de manera de captar su interés.

Intenta encontrar tu propio estilo de escritura sin esperar no modificarlo nunca. Escribe en manera fluida, deja que los pensamientos y las emociones surjan libres y sean transmitidas por tus personajes. Céntrate en las palabras justa, el verbo apropiado en el adjetivo que le dé tinte a la frase.

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